lunes, 4 de agosto de 2014

Ruta Collas: mejora de la conectividad regional de Quito es parte del nuevo modelo territorial y de movilidad



A propósito de la puesta en servicio de la ruta Collas, que une al norte de Quito con el nuevo aeropuerto de Tababela, resulta conveniente destacar que este no es un proyecto aislado, sino que forma parte de una visión integral de la ciudad y su movilidad y es parte de una aproximación estratégica a la solución de sus grandes desafíos, que fue concebida y desarrollada en la alcaldía de Augusto Barrera, de la cual fui su secretario de Movilidad.

En efecto, como ya ha sido planteado en otros documentos (ver por ejemplo la entrada Nuevo modelo de movilidad para el DMQ en este mismo blog) la propuesta es construir en Quito un nuevo modelo de movilidad, que parta del reconocimiento del territorio como la base y de su ordenamiento como la tarea fundamental (gestión de la demanda), pero que corrija las tendencias del viejo modelo reprimido por su alta dependencia del vehículo liviano, planteando alternativas socialmente más incluyentes, ambiental y energéticamente menos impactantes y económicamente más eficientes para todos los habitantes del Distrito Metropolitano (gestión de la oferta).

En este marco, el nuevo modelo plantea tres ejes estratégicos de intervención:

(1)  Transporte de calidad y con integración multimodal, que implica el incrementar la oferta y la cobertura territorial y mejorar la calidad de los servicios de transporte público y comercial, promoviendo paralelamente los modos no motorizados de desplazamiento, para reducir el impacto que genera la actividad del parque automotor

(2)  Tránsito seguro para todos los usuarios de las vías, para lograr que los desplazamientos se realicen en condiciones de eficiencia, precautelando como valor más alto la seguridad e integridad de las personas, particularmente las más vulnerables en el tránsito como peatones y ciclistas 

(3)  Conectividad regional, interurbana y barrial, que implica garantizar la conectividad de Quito, atendiendo las zonas de crecimiento y dotando al urbano consolidado con vías arteriales, colectoras y locales que favorezcan las prioridades del sistema en cuanto a seguridad vial y transporte colectivo

De los dos primeros ejes ya se ha comentado en este mismo blog, por lo que brindaré algunos elementos adicionales sobre el tercero, teniendo como base lo establecido en el Plan Metropolitano de Ordenamiento Territorial (PMOT), aprobado formalmente a finales de diciembre del 2011.

De acuerdo a la planificación municipal vigente, los objetivos generales en materia del desarrollo de la infraestructura vial, plenamente articulados al nuevo modelo territorial, son: (a) operativizar la conectividad de Quito con la región y el país, a fin de profundizar su carácter de polo y fuente de desarrollo nacional; (b) asegurar los desplazamientos que se realizan en los corredores periféricos Mariscal Sucre y Simón Bolívar, así como en los escalones que cruzan la ciudad de occidente a oriente a lo largo de todo el trazado urbano; (c) resolver las intersecciones urbanas con mayor congestión, particularmente aquellas que inciden en las velocidades de servicio del transporte colectivo; y, (d) posibilitar los accesos y desplazamientos de los buses en los barrios periféricos.

Sobre estos cuatro objetivos se articuló la gestión municipal, de manera de que los accesos a barrios sean ejecutados como una responsabilidad compartida entre las Administraciones Zonales y la EPMMOP, para agilitar su ejecución y atender más cercanamente las expectativas de cada barrio.  El resto, estuvo encargado a la EPMMOP, que fue especializada en esta tarea exclusiva, relevándola de otras importantes cargas, como las vinculadas a la gestión del tránsito y el transporte público y comercial, que fueron asignadas a otras dependencias con dedicación específica a ello.

Bajo este concepto estratégico y el correspondiente arreglo institucional, en julio del 2010, se presentó el denominado Plan Vial, integrado por los grandes proyectos que fueron identificados como prioritarios y que más tarde fueron acogidos en el PMOT.  La Figura No. 1 ilustra esa planificación.

Figura No. 1
Proyectos del Plan Vial incorporados en el Plan Metropolitano de Ordenamiento Territorial

Por su parte, la Tabla No. 1 resume el avance en la implementación del Plan Vial, conforme la información que ha podido ser recabada hasta la fecha.  En esta recopilación, vale destacar un hecho muy importante, y es que en la ejecución de los proyectos, no solo se asignaron responsabilidades al propio Municipio a través de la EPMMOP, sino que el trabajo coordinado con los otros niveles de gobierno, y la existencia de un marco de competencias claro, permitió que esta planificación municipal, definida por el organismo rector sobre el ordenamiento territorial del DMQ, sea incorporada también en las ejecuciones del Gobierno Nacional y del GAD de Pichincha

Tabla No. 1
Estado de los proyecto del Plan Vial el DMQ 


Como puede verse, la inversión del Plan Vial alcanza los 1232 millones de dólares, de los cuales, en el período mayo 2009 – abril 2014, 897 ya han sido ejecutados o están comprometidos en proyectos en marcha, lo que equivale a un 73%; mientras que los proyectos pendientes, que ya cuentan con estudios, deberán ser financiados para su ejecución, en un monto aproximado a la mitad de lo ya invertido.

Estas cifras muestran el significativo esfuerzo hecho por la administración municipal anterior de invertir casi 80 millones de dólares al año en promedio, en grandes proyectos viales; los cuales sumados a la inversión en repavimentación integral, rehabilitación vial y acceso a barrios (ver Tabla No. 2), suman más de 100 millones al año, que son una clara evidencia del esfuerzo desplegado y marcan la pauta de lo que los quiteños debemos esperar para los siguientes años.

 Tabla No. 2
Inversión en obras viales menores mayo 2009 – abril 2014

 

Vale también la pena destacar que este plan vial en marcha, incluye proyectos postergados por décadas, como es el caso del nuevo puente sobre el río Chiche, que forma parte de la Ruta Viva y que pronto reemplazará a la vieja y estrecha estructura que fue instalada hace más de 40 años con el carácter provisional y que permaneció en esa condición, causando un verdadero “cuello de botella” a lo largo de varias administraciones municipales y gobiernos nacionales. Resulta paradójico entonces que se hable mal de quienes planificaron, estudiaron, concretaron el financiamiento y construyeron esta obra.  Para mayor ilustración, la Figura No. 2 sistematiza los períodos de tiempo para la ejecución de obras de ingeniería, a fin de contestar a aquellos que creen que es nomás de “soplar y hacer botellas”.

Figura No. 2
Línea de tiempo esquemática del proceso de ejecución de un proyecto de ingeniería


Por último, y no por ello menos importante de destacar, es el significativo aporte del Gobierno Nacional a la conectividad regional de Quito, por 505 millones de dólares, en proyectos que ya están en servicio y siguen mejorándose, como la propia ruta Collas, la ampliación de la Panamericana Norte entre Calderón y Guayllabamba, incluyendo el nuevo puente y la ampliación de la E35 entre El Colibrí y Santa Rosa de Cusubamba (El Quinche), que a veces pretende ser invisibilizado por comentarios regionalistas y mal intencionados.  Todo este trabajo ha sido consecuencia de una sólida planificación y coordinación entre el Municipio y el Gobierno Nacional.  Es claro que la revolución vial, de tanto reconocimiento nacional e internacional, es también un hecho innegable en nuestra ciudad.

En resumen, una visión estratégica, un liderazgo político e institucional y un trabajo en equipo de todos los niveles de gobierno, a partir de un sólido cimiento técnico y financiero, son claves para seguir avanzando en los grandes desafíos que enfrenta Quito.

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